hace cosa de un mes estoy buscándole compañía a mi pequeño perro. Empecé por las típicas páginas donde están en venta. Luego la falta de dinero y las casualidades de la vida me llevaron a varias páginas en que entregan en adopción perros de diferente procedencia: están los de raza pura, los recogidos de la calle y los perdidos/encontrados. Y sin embargo, hay algo en común: el abandono cruel al que han sido sometidos o al que serán sometidos de no ser adoptados. Aún no entiendo, habiendo tenido tres perros en mi vida y habiéndolos querido de la forma que lo hecho, cómo alguien puede tener un animal que no pide ser tuyo durante años, y porque decidista cambiarte a departamento, ya lo quieres regalar porque es un estorbo. Me pregunto qué hace la gente que tiene hijos y se cambia a departamento...también los regala?¿O decide seguir viviendo en una casa hasta que sea necesario?
Algo similar ocurre con quienes tienen un corazón bueno a medias: recogen un perro o gato desvalido de la calle, lo curan, alimentan, protegen y después lo ofrecen para que se lo lleven. Es loable si pensamos que es alguien que hace ésto a menudo, no tendrá espacio para quedarse con todos los animales que ha recogido, pero...¿es necesario decir en el aviso que si no lo dan en adopción hasta una fecha X lo volverán a botar donde lo encontraron? ¿Para qué lo recogieron en primera instancia?
Y por último están los culpables de que existan animales tirados como basura en la calle, a quienes les deseo de corazón que no puedan reproducirse en su vida, que debieran ser castrados antes de ser encarcelados.
Algunos opinan que es falta de fiscalización, que debiera haber una empadronamiento de animales domésticos para regularizar; otros dicen que el gobierno debiera ofrecer cada cierto tiempo programas de esterilización gratuita. Yo estoy de acuerdo con estas posturas, pero también pasa por una carencia de educación importante y una indolencia gigantesca, sobre todo si además del abandono le agregamos casos en que han quemado vivos animalitos callejeros, o los matan a cuchillazos.
miércoles, 6 de enero de 2010
domingo, 16 de septiembre de 2007
Parte I. Cuando tu madre te caga.
Han pasado ya tres o cuatro años desde el evento, ya ni recuerdo la fecha exacta en que se me ocurrió la brillante idea de trabajar con mi madre. En una cafetería que se compró llena de deudas, a costa de la hipoteca de nuestra casa. Mi papá se llevó una parte de la plata que les prestó el banco, para vender el auto que tenía y comprarse una camioneta nueva. Hasta la fecha no se ha invertido un solo peso de los numerosos préstamos que se han pedido, para terminar de construír la casa y ampliarla como era la idea original allá por el año '94.
Como decía, trabajé con ella por un año. Lo hice porque estaba estancada estudiantilmente en la universidad, y porque quería darle una oportunidad a la desgastada relación que tenía con mi madre. Nunca le he perdonado que me pegara y me insultara cuando era chica. Nadie tiene derecho a levantarle la mano a un niño que no sabe defenderse ni tiene la envergadura física para hacerlo. Obviamente menos golpearlo con objetos contundentes como ella lo hizo por varios años, por lo menos desde segundo básico hasta que salí de cuarto medio. Y para colmo, fui criada con la convicción de que un padre jamás te hará daño, siempre tiene la razón y todo lo que haga será para favorecerte, para formarte como persona...Qué caradura el imbécil que inventó éso como excusa para maltratar a los hijos a su antojo.
Al principio la idea de trabajar con mi madre me parecía atractiva; abríamos el negocio por las mañanas, el olor a café recién hecho, la cafetería pintada y arreglada, lista para recibir a los clientes que nunca faltaron. Pero de a poco a ella dejó de llamarle la atención levantarse temprano a trabajar. Empezó a comprar al mediodía lo que se necesitaba para el desayuno, los clientes se aburrían de esperar a que ella llegara, el negocio se desabastecía rápidamente y ella no era (o no quería ser) capaz de solucionar estos problemas. Le ayudé a administrar y ordenar todo lo más que pude, hice todos los trabajos posibles en ese lugar: barrer, limpiar, servir mesas, recibir pagos en la caja, administrar horarios de personal, comunicarme con distribuidores...Pero ningún esfuerzo surtía efecto. Misteriosamente ella nunca estaba en su propio negocio. Tardaba horas para ir en auto a comprar al supermercado que quedaba a cinco minutos. No estaba almorzando conmigo, y yo la esperaba hasta las 4 o 5 de la tarde. Para cuando llegaba, todo estaba frío, se me había quitado el apetito o ya había almorzado con el personal. Un día una de las señoras que trabajaban allí me dijo que mi mamá "andaba" con un tipo de otro local comercial, que la había visto hablando con él en varias ocasiones cuando le tocaba repartir los almuerzos entre los locatarios. Yo no quería creer lo que me habían contado, sobre todo porque la galería comercial en la que estábamos era un conventillo de la peor calaña. No quería ni pensar en que el borracho del estacionador de autos de la galería se llenara la boca hablando de mi madre.
Hasta que tuve que ir por ella para que aclarara cuentas con un distribuidor, al que supuestamente se le debía un dinero que yo ya le había pagado. Ahí me la encontré de pie, apoyada con los codos sobre el mesón de atención, levantando hacia atrás un pie coquetamente con sus zapatos de tacón alto. Conversando y riéndose con este tipo mientras yo había tenido que abandonar la cafetería para ir a buscarla. Fue tan incómoda la situación, que el hombre se sonrojó cuando me vio parada en la puerta de su local comercial. Ella corrió a atender al distribuidor, mientras yo con las ideas a mil por hora me metí en la cocina a seguir con la limpieza, que después de la hora de colación tomaba bastante tiempo. Y la escuché, mientras secaba platos. Estaba ella hablando sobre la supuesta deuda, cuando no pude creer lo que dijo: que yo había mezclado los pagos, que seguramente me confundí y yo había perdido el cheque para pagarle, porque no lo encontraba por ninguna parte. ¡Cuando le acababa de decir que ese tipo hasta me firmó la factura con recepción conforme del pago hacía una semana atrás, mientras ella no estaba! La señora que estaba conmigo en la cocina me miró y abrió los ojos, tampoco podía creer semejante boludez. Fue tanto así, que llamó a la otra señora para contarle lo que estaba pasando y que mi propia madre me estaba echando la culpa de haber perdido un cheque de pago. Fue ahí cuando me dí cuenta lo estúpida que había sido. Meses trabajando gratis en una cafetería que me tocó administrar a ratos porque la dueña no estaba. Nunca me quiso pagar sueldo porque dijo que cómo yo, siendo su hija, le íba a estar cobrando sueldo. Meses trabajando sola, haciendo todo a pulso, mientras ella se pasaba tardes completas fumando y riéndose con este tipo. Más encima tuvo el descaro de reprocharme e insultarme delante del personal por administrar el negocio sin tener idea y meterme donde no me correspondía, cuando era yo la que atendía a cobradores y distribuidores todos los días. Y después fue peor, porque al final del día me íba a dejar hasta la puerta de la casa y ella salía de nuevo en el auto hasta la medianoche. Nadie sabía a dónde íba a ésas horas, pero yo lo sospechaba. Una vez me trató de ladrona porque saqué plata de la caja para comprarme zapatillas, que las que usaba todos los días ya no daban más de viejas. Para navidad (obviamente próspero para abrir el local hasta tarde en la noche), ella se perdía de vista hasta llegada la hora de cerrar. Le pedí a una vecina que estaba cesante que me diera una mano, hasta su hijo nos sirvió de ayuda para mandarlo a repartir los pedidos y comprar lo que nos íba faltando.
Hasta que le dije que me íba, lo de la universidad comenzó a fluír y ya no tenía necesidad de estar pasando malos ratos en un lugar en el que ni siquiera se me pagaba por trabajar. Además ya toda la galería sabía lo de ella y el tipo del otro local (hasta el borracho del estacionamiento), mi padre no quería ni siquiera comprar en el supermercado porque sabía que mi madre ya había andado por todos lados luciéndose con su nuevo "amiguito con ventaja". Pronto ella descubrió que las señoras robaban todo lo que podían mientras el negocio quedaba solo, ya no era lo mismo que cuando yo estaba ahí todo el día. Tuvo el aplomo de pedirme prestado dinero para pagarles el finiquito a cada una, que ya había encontrado nuevo personal. Y yo le pasé mi tarjeta de la cuenta de ahorro, donde tenía 260 mil pesos que la universidad me había devuelto por el semestre que había congelado. Supuestamente el trámite consistía en que ella sacaba 60 a 80 mil pesos, que era todo lo que necesitaba para deshacerse de estas empleadas ladronas. Pero cuando fui al cajero a la semana siguiente, me encontré con la amarga sorpresa de que me había sacado todo el dinero de la cuenta. ¿La explicación? Tuvo que pagar en tribunales lo que les debía de imposiciones legales, y por éso sacó todo. ¡Todo! Todavía estoy esperando a que me devuelva lo que me debe, incluso yo debería haberla demandado para que me pagara el sueldo de un año de trabajo gratis.
Ahora acabo de sacar licencia de conducir, hace una semana. Luego de hacer un curso por un mes, que costó 65 mil pesos, y la propia licencia que cuesta otros 18 mil. Todo porque ella me ofreció su auto para que yo fuera a clases, que queda muy lejos de mi casa y en viajar gasto 4 horas diarias y mucha plata. Pero resultó que (contra todo lo que ella había previsto) tuve dinero para tomar al fin el curso de conducir, y ahora me dice que no me prestará su auto porque no tengo trabajo para responder con plata en el caso de un choque. Y ella acaba de arreglarlo después de un choque que le dejó hasta la caja de cambios mala. Ahora me dice que, si quiero manejar un auto, será cuando me compre uno. Que por mientras puedo practicar con ella el fin de semana por el barrio si quiero. ¡Practicar!¡Si ya tengo licencia! ¿Y estar todo el día rogándole que salga a manejar conmigo como el domingo pasado, en vísperas de dar el exámen?Y tampoco le gustó que yo le mencionara que con la plata que me debe, puedo chocar varias veces si quiero. Salió el viernes pasado a tomarse un exámen en las manos, tan invasivo que le quedaron adoloridas y acalambradas, se le notaban los pinchazos que le dieron por toda la superficie de las manos. Pero no quiso que yo la acompañara, para que yo no manejara su auto. Condujo por hora y media sin sentir las manos. Hasta ése punto el grado de estupidez.
Ya no quiero saber más de ella, no me interesan sus problemas. Las llamadas de teléfono del tipo que aún anda con ella me tienen harta, llama a cada rato, no la deja ni comer en paz. Le cobra celos, que le explique dónde está, que con quién anda, que no le cree que está en la casa ni que está conmigo...
Y mi papá, tampoco es un santo. Pero eso quedará para la próxima.
Como decía, trabajé con ella por un año. Lo hice porque estaba estancada estudiantilmente en la universidad, y porque quería darle una oportunidad a la desgastada relación que tenía con mi madre. Nunca le he perdonado que me pegara y me insultara cuando era chica. Nadie tiene derecho a levantarle la mano a un niño que no sabe defenderse ni tiene la envergadura física para hacerlo. Obviamente menos golpearlo con objetos contundentes como ella lo hizo por varios años, por lo menos desde segundo básico hasta que salí de cuarto medio. Y para colmo, fui criada con la convicción de que un padre jamás te hará daño, siempre tiene la razón y todo lo que haga será para favorecerte, para formarte como persona...Qué caradura el imbécil que inventó éso como excusa para maltratar a los hijos a su antojo.
Al principio la idea de trabajar con mi madre me parecía atractiva; abríamos el negocio por las mañanas, el olor a café recién hecho, la cafetería pintada y arreglada, lista para recibir a los clientes que nunca faltaron. Pero de a poco a ella dejó de llamarle la atención levantarse temprano a trabajar. Empezó a comprar al mediodía lo que se necesitaba para el desayuno, los clientes se aburrían de esperar a que ella llegara, el negocio se desabastecía rápidamente y ella no era (o no quería ser) capaz de solucionar estos problemas. Le ayudé a administrar y ordenar todo lo más que pude, hice todos los trabajos posibles en ese lugar: barrer, limpiar, servir mesas, recibir pagos en la caja, administrar horarios de personal, comunicarme con distribuidores...Pero ningún esfuerzo surtía efecto. Misteriosamente ella nunca estaba en su propio negocio. Tardaba horas para ir en auto a comprar al supermercado que quedaba a cinco minutos. No estaba almorzando conmigo, y yo la esperaba hasta las 4 o 5 de la tarde. Para cuando llegaba, todo estaba frío, se me había quitado el apetito o ya había almorzado con el personal. Un día una de las señoras que trabajaban allí me dijo que mi mamá "andaba" con un tipo de otro local comercial, que la había visto hablando con él en varias ocasiones cuando le tocaba repartir los almuerzos entre los locatarios. Yo no quería creer lo que me habían contado, sobre todo porque la galería comercial en la que estábamos era un conventillo de la peor calaña. No quería ni pensar en que el borracho del estacionador de autos de la galería se llenara la boca hablando de mi madre.
Hasta que tuve que ir por ella para que aclarara cuentas con un distribuidor, al que supuestamente se le debía un dinero que yo ya le había pagado. Ahí me la encontré de pie, apoyada con los codos sobre el mesón de atención, levantando hacia atrás un pie coquetamente con sus zapatos de tacón alto. Conversando y riéndose con este tipo mientras yo había tenido que abandonar la cafetería para ir a buscarla. Fue tan incómoda la situación, que el hombre se sonrojó cuando me vio parada en la puerta de su local comercial. Ella corrió a atender al distribuidor, mientras yo con las ideas a mil por hora me metí en la cocina a seguir con la limpieza, que después de la hora de colación tomaba bastante tiempo. Y la escuché, mientras secaba platos. Estaba ella hablando sobre la supuesta deuda, cuando no pude creer lo que dijo: que yo había mezclado los pagos, que seguramente me confundí y yo había perdido el cheque para pagarle, porque no lo encontraba por ninguna parte. ¡Cuando le acababa de decir que ese tipo hasta me firmó la factura con recepción conforme del pago hacía una semana atrás, mientras ella no estaba! La señora que estaba conmigo en la cocina me miró y abrió los ojos, tampoco podía creer semejante boludez. Fue tanto así, que llamó a la otra señora para contarle lo que estaba pasando y que mi propia madre me estaba echando la culpa de haber perdido un cheque de pago. Fue ahí cuando me dí cuenta lo estúpida que había sido. Meses trabajando gratis en una cafetería que me tocó administrar a ratos porque la dueña no estaba. Nunca me quiso pagar sueldo porque dijo que cómo yo, siendo su hija, le íba a estar cobrando sueldo. Meses trabajando sola, haciendo todo a pulso, mientras ella se pasaba tardes completas fumando y riéndose con este tipo. Más encima tuvo el descaro de reprocharme e insultarme delante del personal por administrar el negocio sin tener idea y meterme donde no me correspondía, cuando era yo la que atendía a cobradores y distribuidores todos los días. Y después fue peor, porque al final del día me íba a dejar hasta la puerta de la casa y ella salía de nuevo en el auto hasta la medianoche. Nadie sabía a dónde íba a ésas horas, pero yo lo sospechaba. Una vez me trató de ladrona porque saqué plata de la caja para comprarme zapatillas, que las que usaba todos los días ya no daban más de viejas. Para navidad (obviamente próspero para abrir el local hasta tarde en la noche), ella se perdía de vista hasta llegada la hora de cerrar. Le pedí a una vecina que estaba cesante que me diera una mano, hasta su hijo nos sirvió de ayuda para mandarlo a repartir los pedidos y comprar lo que nos íba faltando.
Hasta que le dije que me íba, lo de la universidad comenzó a fluír y ya no tenía necesidad de estar pasando malos ratos en un lugar en el que ni siquiera se me pagaba por trabajar. Además ya toda la galería sabía lo de ella y el tipo del otro local (hasta el borracho del estacionamiento), mi padre no quería ni siquiera comprar en el supermercado porque sabía que mi madre ya había andado por todos lados luciéndose con su nuevo "amiguito con ventaja". Pronto ella descubrió que las señoras robaban todo lo que podían mientras el negocio quedaba solo, ya no era lo mismo que cuando yo estaba ahí todo el día. Tuvo el aplomo de pedirme prestado dinero para pagarles el finiquito a cada una, que ya había encontrado nuevo personal. Y yo le pasé mi tarjeta de la cuenta de ahorro, donde tenía 260 mil pesos que la universidad me había devuelto por el semestre que había congelado. Supuestamente el trámite consistía en que ella sacaba 60 a 80 mil pesos, que era todo lo que necesitaba para deshacerse de estas empleadas ladronas. Pero cuando fui al cajero a la semana siguiente, me encontré con la amarga sorpresa de que me había sacado todo el dinero de la cuenta. ¿La explicación? Tuvo que pagar en tribunales lo que les debía de imposiciones legales, y por éso sacó todo. ¡Todo! Todavía estoy esperando a que me devuelva lo que me debe, incluso yo debería haberla demandado para que me pagara el sueldo de un año de trabajo gratis.
Ahora acabo de sacar licencia de conducir, hace una semana. Luego de hacer un curso por un mes, que costó 65 mil pesos, y la propia licencia que cuesta otros 18 mil. Todo porque ella me ofreció su auto para que yo fuera a clases, que queda muy lejos de mi casa y en viajar gasto 4 horas diarias y mucha plata. Pero resultó que (contra todo lo que ella había previsto) tuve dinero para tomar al fin el curso de conducir, y ahora me dice que no me prestará su auto porque no tengo trabajo para responder con plata en el caso de un choque. Y ella acaba de arreglarlo después de un choque que le dejó hasta la caja de cambios mala. Ahora me dice que, si quiero manejar un auto, será cuando me compre uno. Que por mientras puedo practicar con ella el fin de semana por el barrio si quiero. ¡Practicar!¡Si ya tengo licencia! ¿Y estar todo el día rogándole que salga a manejar conmigo como el domingo pasado, en vísperas de dar el exámen?Y tampoco le gustó que yo le mencionara que con la plata que me debe, puedo chocar varias veces si quiero. Salió el viernes pasado a tomarse un exámen en las manos, tan invasivo que le quedaron adoloridas y acalambradas, se le notaban los pinchazos que le dieron por toda la superficie de las manos. Pero no quiso que yo la acompañara, para que yo no manejara su auto. Condujo por hora y media sin sentir las manos. Hasta ése punto el grado de estupidez.
Ya no quiero saber más de ella, no me interesan sus problemas. Las llamadas de teléfono del tipo que aún anda con ella me tienen harta, llama a cada rato, no la deja ni comer en paz. Le cobra celos, que le explique dónde está, que con quién anda, que no le cree que está en la casa ni que está conmigo...
Y mi papá, tampoco es un santo. Pero eso quedará para la próxima.
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